Sobre la racionalidad práctic de la acción educativa
Fernando BARCENA ORBE
Departamentt de Teoría e Historia de la Educación.
Universidad Complutense de Madrid
Es evidente que asistimos hoy a una fuerte demanda de profesionalización en educación. Las causas y motivos que explican este fenómeno son múltiples. De entre ellos, sin embargo, destacan principalmente dos.
En primer lugar, el convencimiento que tienen muchos acerca de que una adecuada profesionalización de los agentes más directamente implicados en el ejercicio de las diferentes actividades educativas —de docencia y otras— incrementará su eficacia en el desempeño de sus especificas funciones.
En segundo término, la firme creencia —que también comparten muchos— de que la acción educativa posee un innegable carácter moral.
De acuerdo con esta segunda razón, la profesionalización ya no se entiende sólo como la adquisición de un estatus públicamente reconocido: el reconocimiento público de que los educadores desempeñan un trabajo realmente profesionalizado; sino que el mismo hecho de la profesionalización exige la sólida defensa de la condición moral de la educación. Una manera de hacerIo será admitir la autorregulación de la propia conducta educativa mediante una ética profesional bien asentada. Así pues, la noción de profesionalización no es un concepto puramente descriptivo, sino que también es una noción prescriptiva. Mas concretamente, cabe entender la idea ele profesión como una «aspiración», quizá de carácter ético (Cf Bárcena, E.; Gil,E., y Jover, 0., 1991; Sockett, H., 1989) y no meramente como una «tendencia social deseable» (Touriñán, 1990).
práctico.
Fernando
Departamentt de Teoría e Historia de la Educación.
Universidad Complutense de Madrid
BARcENA ORBE Es evidente que asistimos hoy a una fuerte demanda de profesionalización
en educación. Las causas y motivos que explican este fenómeno son
múltiples. De entre ellos, sin embargo, destacan principalmente dos.
En primer lugar, el convencimiento que tienen muchos acerca de que
una adecuada profesionalización de los agentes más directamente implicados
en el ejercicio de las diferentes actividades educativas —de docencia y
otras— incrementará su
En segundo término, la firme creencia —que también comparten
muchos— de que la acción educativa posee un innegable
eficacia en el desempeño de sus especificas funciones.carácter moral. De acuerdo con esta segunda razón, la profesionalización ya no se entiende
sólo como la adquisición de un estatus públicamente reconocido: el reconocimiento
público de que los educadores desempeñan un trabajo realmente
profesionalizado; sino que el mismo hecho de la profesionalización exige la
sólida defensa de la condición moral de la educación. Una manera de hacerIo
será admitir la autorregulación de la propia conducta educativa mediante
una ética profesional bien asentada. Así pues, la noción de profesionalización
no es un concepto puramente
una noción
como una «aspiración», quizá de carácter ético
descriptivo, sino que también esprescriptiva. Mas concretamente, cabe entender la idea ele profesión(Cf Bárcena, E.; Gil, E.,
social deseable» (Touriñán, 1990).y Jover, 0., 1991; Sockett, H., 1989) y no meramente como una «tendencia Teorípráctico. BARcENA ORBE
y Jover, 0., 1991; Sockett, H., 1989) y no meramente como una «tendenciaa de la educación y conocimiento
Es evidente que asistimos hoy a una fuerte demanda de profesionalización
en educación. Las causas y motivos que explican este fenómeno son
múltiples. De entre ellos, sin embargo, destacan principalmente dos.
En primer lugar, el convencimiento que tienen muchos acerca de que
una adecuada profesionalización de los agentes más directamente implicados
en el ejercicio de las diferentes actividades educativas —de docencia y
otras— incrementará su
En segundo término, la firme creencia —que también comparten
muchos— de que la acción educativa posee un innegable
eficacia en el desempeño de sus especificas funciones.carácter moral. De acuerdo con esta segunda razón, la profesionalización ya no se entiende
sólo como la adquisición de un estatus públicamente reconocido: el reconocimiento
público de que los educadores desempeñan un trabajo realmente
profesionalizado; sino que el mismo hecho de la profesionalización exige la
sólida defensa de la condición moral de la educación. Una manera de hacerIo
será admitir la autorregulación de la propia conducta educativa mediante
una ética profesional bien asentada. Así pues, la noción de profesionalización
no es un concepto puramente
una noción
como una «aspiración», quizá de carácter ético
descriptivo, sino que también esprescriptiva. Mas concretamente, cabe entender la idea ele profesión(Cf Bárcena, E.; Gil, E.,
social deseable» (Touriñán, 1990).y Jover, 0., 1991; Sockett, H., 1989) y no meramente como una «tendenciaa de la educación y conocimiento
Sobre la racionalidad práctica
de la acción educativa
Fernando
Departamentt de Teoría e Historia de la Educación.
Universidad Complutense de Madrid
Teoría de la educación y conocimiento
Sobre la racionalidad práctica
de la acción educativa
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